Protesta anónima sobre los atentados de Madrid. Frase esta, variante del dicho: El valiente vive hasta que el cobarde quiere.
Dios está hartando de paciencia casi siempre a los mismos.
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Hace ocho años que en Masueco, y a trescientos kilómetros de distancia, aun huele a explosivo.
Marta y Nuria Del Río Menéndez (de 40 y 38 años respectivamente), habían tomado el tren como todos los días laborables, aquella mañana del 11 de marzo en la estación de Santa Eugenia, (Madrid).
La primera trabajaba al igual que su novio Francisco Quesada, en el Instituto de Comercio Exterior.
Nuria, junto a una compañera, María Dolores Durán, tomaba también el mismo tren para dirigirse a la compañía de seguros en la que trabajaban.
Por lo que se ve, la rutina había querido que todos ellos aquella mañana continuaran en el tren a la altura de la calle Téllez.
También por lo que se ve, alguien había decidido seguramente en compañía de otros, (algunos cientos de kilómetros al sur de Tarifa), que ese fuera el último día de sus vidas.
También aquí en la península, alguien había decidido inculpar por ello, (entre otros), a algún habitante de las tierras de Don Pelayo.
Incluso alguien posteriormente, y antes de ser santificado ministro, ha llevado a alguien a los tribunales (y condenado), por decir lo obvio; que alguien deseaba obviar aquel suceso. Después de ser ministrado, ya no es obvio; simplemente no quiere saber nada.
Nuria, licenciada en ciencias de la información, rama periodismo, profesión que le hubiera gustado ejercer; podrá contemplar desde el lugar desde donde todo se ve, la catadura moral de muchos de sus colegas de formación.
A Marta por otra parte, asidua al cine, no la habrán echado en falta aquellos a los que ayudaba con su aportación en taquilla. Seguramente alguien en agradecimiento, se lo compensará con creces vía subvención.
Las hermanas Del Río Menéndez, llevaban con orgullo el apellido de una de las familias mas emprendedoras de Masueco con las que unían en parentesco.
El hecho de que para muchos españoles fuera también el día en que perdieron la memoria, es mucho mas grave.
Este año y en ese día, tampoco nadie se acordará de vosotros. Incluso los sindicatos con ayuda de algún partido político, colaborarán en que así sea.
Pues si, en Masueco, ocho años después, y a trescientos kilómetros de distancia, aun huele a explosivo, y para unos pocos, también a injusticia.










