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Ahora que está de moda eso del reciclado y la sostenibilidad, (por cierto, esta palabra no la reconoce el Microsoft Word), viene bien traer un elemento, al que se le viene dando mil usos desde tiempos ancestrales: La polivalente lata de sardinas.
Las gentes de Masueco, que presumen de tener ideas para reciclar el mas mínimo utensilio que por moda o desuso no cumpla ya su primitiva función, no se como no tienen un monumento en la plaza mayor a este elemento en su versión de kilo. Seguro que habrá muchas mas, pero de momento aquí tenemos un puñado de usos para los que la necesidad unida al ingenio les buscó utilidad. (Se admiten sugerencias).
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Atestar vino en las cubas
Como vaso para beber y catar en las bodegas
Traer los huevos de las gallinas a casa
Asar castañas. (Con agujeros en el fondo)
Para colocar bajo pequeña gotera, cuando hay una fuga de agua
Para tapar algunas vigas en exterior, como protección
Como medida en granos y líquidos
Para atar a los perros en el rabo, (gamberrada)
Para dar la lata, con o sin ritmo
Para iniciar el cisco a la lumbre para el brasero, con agujeros en el fondo
Como calientapiés cuando niños en la escuela, (esto los jóvenes no lo entienden)
Para quemar azufre en bodegas
Cuando se iba a pájaros a alguna alameda, también con azufre
Como recipiente para comida de algunos animales domésticos, (perros, gatos)
Para contener menaje de ferretería (la vulgar lata abarrotada de tornillos, puntas y demás)
Como tiesto para pequeñas flores o semillero
Para ponerle la cebada al burro después de muerto (dicho popular)
Siempre a mano para cebar la bomba de sacar agua de los pozos
Con agua al lado de la máquina de taladrar para enfriar las brocas
Cenicero o colillero improvisado en antiguos bares
Llena de piedra arenisca junto al fregadero para limpiar el culo de sartenes y cazuelas.
Etc.
Y claro está, todo esto sin reuniones en Copenhague, ni acuerdos bilaterales. Coño que ahorro.
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